Octubre es el mes de hablar de tamizaje, de acceso y de un diagnóstico que no distingue sexo
Equipo editorial Edumind
Rosa tiene 52 años y vende frutas en un mercado. Hace ocho meses notó un pequeño endurecimiento en la mama izquierda, pero no tenía tiempo ni sabía dónde pedir una mastografía. Pensó que si dolía, sería grave; como no dolía, esperó. Cuando llegó al centro de salud, el tumor había crecido y ya palpaba ganglios axilares. Su historia no es excepcional: es el relato más repetido de la oncología mamaria en México.
Octubre es el mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, y esta columna propone mirar el tema con una pregunta práctica: ¿qué tan lejos estamos de que el tamizaje llegue a quien lo necesita? Y con una pregunta menos frecuente: ¿por qué casi nunca pensamos en este diagnóstico cuando el paciente es un hombre?
Lo que dicen las cifras
Según cifras oficiales, el país registró 8,510 defunciones por cáncer de mama en mujeres en 2026, la cifra más alta de la serie histórica iniciada en 2007. La tasa de mortalidad por 100 mil mujeres de 25 años o más pasó de 16.44 en 2007-2011 a 20.14 en 2022-2026. En paralelo, la cobertura de mastografía en mujeres de 40 a 59 años fue de apenas 7% en 2026, muy por debajo del máximo de 27.7% alcanzado en 2015.
Dato clave: la NOM-041-SSA2-2011 establece autoexploración desde los 20 años, exploración clínica anual desde los 25 y mastografía cada dos años de los 40 a los 69 años. La brecha entre la norma y la realidad es el principal problema de salud pública en esta enfermedad.
Según información oficial, se prevé fortalecer la red de atención con mastografías gratuitas, diagnóstico en un plazo máximo de 30 días desde la sospecha y tratamiento en no más de 21 días adicionales, con operación completa prevista para 2027. Más allá de las metas, el indicador que importa en la práctica es sencillo: cuántas mujeres como Rosa llegan en etapas tempranas.
Por qué el tiempo importa tanto
El pronóstico del cáncer de mama depende en gran medida de la etapa al diagnóstico. Detectado de manera temprana, es una de las neoplasias con mejores tasas de supervivencia; en etapas avanzadas, el tratamiento es más largo, más costoso y menos eficaz. Cada mes de retraso entre la sospecha y el tratamiento cuenta. Por eso la ruta de atención (quién ve a la paciente, quién le da cita, quién interpreta el estudio) es tan clínica como la quimioterapia misma.
Lo que corresponde al médico de primer contacto
Toda consulta a una mujer adulta es una oportunidad de tamizaje. Pregunte por antecedentes familiares de cáncer de mama y ovario (especialmente a edades tempranas o en varios familiares), realice la exploración clínica de mamas con técnica sistemática, oriente sobre la mastografía y no deje pasar una mastografía alterada sin seguimiento documentado. Ante un nódulo palpable, no confíe en que “es quiste” o “no duele”: el dolor es un síntoma poco confiable. Un hallazgo sospechoso exige imagen y, cuando está indicado, biopsia.
Los factores de riesgo incluyen edad, antecedentes familiares, variantes patogénicas en BRCA1 y BRCA2, menarca temprana, menopausia tardía, nuliparidad o primer embarazo tardío, obesidad posmenopáusica, consumo de alcohol y sedentarismo. Algunos son modificables, y vale la pena decírselo a la paciente: no para culparla, sino para darle herramientas.
Datos de alarma: nódulo palpable, retracción del pezón, secreción serosa o sanguinolenta espontánea unilateral, cambios en la piel (aspecto de “piel de naranja”), úlcera o eccema persistente del pezón y adenopatía axilar. Todo requiere evaluación completa.
El diagnóstico olvidado: el cáncer de mama en hombres
Aproximadamente 1 de cada 100 casos de cáncer de mama ocurre en hombres. Es poco frecuente, y por eso mismo suele diagnosticarse tarde. Muchos pacientes no consultan por pena o por desconocimiento; y no pocos médicos piensan en ginecomastia, lipoma o infección antes de pensar en cáncer. La edad promedio al diagnóstico es mayor que en mujeres, y su principal manifestación es una masa indolora, a menudo retroareolar o excéntrica, que puede acompañarse de retracción o secreción por el pezón.
Entre los factores de riesgo destacan los antecedentes familiares, las variantes patogénicas en BRCA2 (y en menor medida BRCA1), el síndrome de Klinefelter, la obesidad, la hepatopatía crónica, la exposición a estrógenos y la radiación torácica previa. Ante una masa mamaria unilateral, firme, no dolorosa y excéntrica en un hombre, la ginecomastia no debe asumirse como diagnóstico: corresponde solicitar imagen y, de ser necesario, biopsia. El tratamiento sigue los mismos principios que en mujeres, y los receptores hormonales suelen ser positivos en la gran mayoría de los casos.
Para cerrar
Rosa fue operada y hoy recibe tratamiento adyuvante. Cuando le preguntan qué cambiaría, responde sin dudar: “Hubiera ido antes”. La próxima vez que una paciente le diga que “no ha tenido tiempo”, o que un paciente varón le muestre un bulto detrás del pezón y minimice la molestia, recuerde que su respuesta puede marcar la etapa en que ese cáncer sea diagnosticado.
Pregunte, explore, oriente y dé seguimiento. Ese es el mejor “lazo rosa” que puede llevar un médico.
Fuentes consultadas: cifras oficiales de mortalidad y cobertura de mastografía (reportadas por Excélsior, 8 sep. 2026); información oficial sobre el modelo de atención (Por Esto, 21 oct. 2025); NOM-041-SSA2-2011. Las cifras sobre cáncer de mama en hombres provienen de literatura general (≈1% de los casos) y deben contrastarse con GLOBOCAN o la Secretaría de Salud antes de publicar.
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