Cuando una caída es el primer síntoma de una enfermedad que llevaba años callada
Equipo editorial Edumind
Doña Remedios tiene 71 años y resbala al bajar el escalón de su cocina. Llega a urgencias con dolor intenso en la ingle y una radiografía que muestra fractura del cuello femoral. Se firma el consentimiento, se programa la cirugía, se revisan alergias y anticoagulantes. Lo que nadie pregunta es cuándo fue su última densitometría. La respuesta, en este caso ilustrativo, es que nunca se la hicieron. Nadie le dijo que su hueso llevaba años perdiendo calidad en silencio.
Cada 20 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Osteoporosis, campaña que nació en 1996 impulsada por la sociedad británica de osteoporosis para promover la prevención, el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno. Para quienes trabajamos en consulta, urgencias u ortopedia, la fecha es una invitación a corregir un error frecuente: tratar la fractura como un accidente y no como la manifestación de una enfermedad.
La enfermedad que se diagnostica tarde
La osteoporosis reduce la densidad y la calidad del hueso, y con ello aumenta el riesgo de fractura por fragilidad. No duele, no da fiebre, no altera un laboratorio de rutina. Por eso muchos pacientes llegan al diagnóstico únicamente después de la primera fractura de cadera, vértebra o muñeca. En términos prácticos, una fractura de cadera o vertebral por traumatismo mínimo permite hacer el diagnóstico clínico de osteoporosis aun sin densitometría; en los demás casos, la referencia es una puntuación T igual o menor a -2.5 en la densitometría por absorciometría de rayos X de energía dual (DXA).
Dato para recordar: la cifra más citada por la Fundación Internacional de Osteoporosis indica que, después de los 50 años, alrededor de 1 de cada 3 mujeres y 1 de cada 5 hombres sufrirá una fractura osteoporótica a lo largo de la vida.
A quién buscar antes de que se rompa
La pregunta útil no es “¿tiene osteoporosis?”, sino “¿qué riesgo de fractura tiene?”. Los factores que deberían encender la alerta incluyen edad avanzada, menopausia temprana, fractura previa, antecedente de fractura de cadera en los padres, bajo peso, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol y uso prolongado de glucocorticoides. También hay causas secundarias que se olvidan con facilidad: hipertiroidismo, hiperparatiroidismo, enfermedad celíaca, enfermedad renal crónica, diabetes, uso prolongado de inhibidores de bomba de protones, terapia de privación androgénica en cáncer de próstata e inhibidores de aromatasa en cáncer de mama.
Herramientas como FRAX, junto con la DXA, ayudan a estimar el riesgo a diez años y a decidir a quién tratar. Las guías difieren en las edades de tamizaje, por lo que conviene consultar la guía institucional vigente; lo que no cambia es que la evaluación debe individualizarse.
No es “cosa de abuelitas”
El estereotipo de la mujer posmenopáusica es real, pero incompleto. Los hombres también se fracturan, y cuando lo hacen la mortalidad posterior a una fractura de cadera tiende a ser mayor que en las mujeres, precisamente porque casi nadie piensa en ellos como pacientes con osteoporosis. Un varón de 68 años con tratamiento antiandrogénico, tabaquismo y una fractura vertebral “por cargar una caja” merece el mismo abordaje que su vecina de consultorio.
Después de la fractura: la ventana que se desperdicia
El periodo inmediatamente posterior a una fractura es el de mayor riesgo de una nueva fractura. Sin embargo, en muchos hospitales el paciente se egresa con alta quirúrgica, analgésicos y una cita de rehabilitación, sin evaluación metabólica ni tratamiento antiosteoporótico. Los servicios de enlace de fracturas, que coordinan ortopedia, geriatría y endocrinología, existen justamente para cerrar esa brecha. Aun sin un servicio formal, cualquier médico puede preguntarse antes del alta: ¿se pidió calcio, vitamina D, función renal y paratohormona cuando corresponde?, ¿se valoró un bisfosfonato u otra opción?, ¿se revisó el riesgo de caídas en casa?
El tratamiento no se limita al fármaco. Incluye ingesta adecuada de calcio y vitamina D, ejercicio de carga y fortalecimiento, suspensión del tabaco, moderación del alcohol, revisión de medicamentos que causan mareo o hipotensión, buena iluminación y retirar tapetes del hogar. Es una intervención de bajo costo que, bien hecha, evita hospitalizaciones muy caras.
Lo que puede hacer esta semana
Revise en su próxima consulta a todo paciente mayor de 65 años, o más joven con factores de riesgo, y pregúntese si tiene una evaluación de riesgo de fractura registrada. Si atiende a un paciente con fractura por fragilidad, no cierre la nota sin una indicación de seguimiento. Y si es estudiante, practique el hábito de preguntar por caídas y fracturas previas en cada historia clínica de adulto mayor: es una pregunta de diez segundos que puede cambiar el pronóstico.
Mensaje para llevar: la fractura no es el final de la historia clínica, es la oportunidad de empezar el tratamiento que debió comenzar antes.
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