ESPECIAL Día del Médico – Quinientos años de batas, hierbas y bisturís: los hitos de la medicina mexicana

En 1883, una joven de 24 años recibe en la Ciudad de México una noticia que cualquiera de nosotros temería: sus opositores han revisado su expediente, aseguran que algunas materias no son válidas y le comunican la baja escolar. Es la única mujer en el aula. En lugar de irse, pide la revalidación de sus materias. Se llama Matilde Montoya Lafragua y, cuatro años después, será la primera mujer en México en recibir el título de médico. Hoy, cuando celebramos el Día del Médico, vale la pena preguntarnos sobre los hombros de quiénes estamos parados.

Antes de las facultades: el médico nahua que escribió un herbario

Hablar de los primeros médicos mexicanos obliga a empezar por quienes ejercían antes de que existiera la palabra “facultad”. En 1552 viajó a España, como regalo para el rey Felipe II, el Libellus de medicinalibus Indorum herbis, conocido como Códice De la Cruz-Badiano. Lo elaboró Martín de la Cruz, médico nahua del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, y lo tradujo del náhuatl al latín Juan Badiano, oriundo de Xochimilco. Con 185 ilustraciones a color, se le considera el primer herbario ilustrado del Nuevo Mundo. Tras pasar por el Vaticano, fue devuelto a México en 1991 y hoy se resguarda en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

La mujer que insistió

Matilde Montoya nació en la Ciudad de México el 14 de marzo de 1859. A los 16 años obtuvo el título de partera y ejerció la obstetricia; en 1875 se inscribió en la Escuela de Medicina de Puebla, donde la acusaron de masona y protestante y perdió pacientes. Regresó a Puebla en 1880 y, en 1882, fue aceptada en la Escuela Nacional de Medicina. Cuando le notificaron la baja, el presidente Porfirio Díaz le concedió el derecho de presentar el examen del primer año. Su examen profesional fue el 24 de agosto de 1887, la primera vez que en México se otorgó el título de médico a una mujer. Tuvo dos consultorios, uno de paga y otro gratuito. Hoy las mujeres son parte fundamental de las aulas de medicina; la deuda pendiente es la igualdad en los puestos de decisión.

El joven de 26 años que cambió la planificación familiar

El 15 de octubre de 1951, Luis Ernesto Miramontes Cárdenas, nacido en Nayarit y todavía estudiante de química de la UNAM, becario en los laboratorios Syntex, encontró la primera ruta para sintetizar la noretisterona, un progestágeno oral activo. Esa molécula fue la base de las primeras píldoras anticonceptivas, que salieron al mercado de Estados Unidos en 1961. La patente se acredita a Miramontes, George Rosenkranz y Carl Djerassi. Miramontes no fue médico, pero su hallazgo transformó la salud sexual y reproductiva en todo el mundo. En 2005, la Academia Mexicana de Ciencias consideró que fue la mayor contribución científica de México.

El Nobel que no llegó (todavía)

Una pregunta que surge cada octubre, cuando se anuncian los premios, es por qué ningún mexicano ha ganado el Nobel de Fisiología o Medicina. México tiene tres premios Nobel en otras categorías: Octavio Paz en Literatura, Alfonso García Robles en la Paz y Mario Molina en Química. En medicina, el país ha formado grandes escuelas y científicos, pero competir por un premio así exige inversión sostenida y carreras de investigación estables. El Nobel es un indicador; la verdadera meta es que investigar sea una opción viable para el médico mexicano.

Los que respondieron cuando todo se apagó

La pandemia de COVID-19 dejó nuevos héroes. El 24 de diciembre de 2020, María Irene Ramírez, jefa de Enfermería de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Rubén Leñero, fue la primera persona vacunada contra COVID-19 en México. Ese día se aplicaron las primeras 2,924 dosis a personal de salud que atendía a pacientes con la enfermedad. Detrás de esa fotografía hay miles de nombres que no salieron en ningún noticiero: médicos, enfermeras, camilleros, técnicos, personal de limpieza y residentes que trabajaron turnos extenuantes con equipo insuficiente, y muchos que enfermaron o fallecieron.

Lo que sigue pendiente

Los hitos del pasado no nos eximen de los pendientes del presente. A inicios de octubre de 2026 hubo protestas de personal de salud en distintos hospitales, y más allá de las posturas, el reclamo de fondo es compartido por muchos colegas: mejores condiciones laborales, plantillas completas, insumos suficientes y seguridad en el trabajo. A ello se suman la necesidad de ampliar las plazas de formación de especialistas, de modo que la demanda de los aspirantes al ENARM encuentre más lugares; el acceso a becas y a oportunidades académicas, incluida la posibilidad de investigar sin renunciar a la práctica clínica; y la actualización continua en un entorno que incorpora expediente electrónico, inteligencia artificial y, a partir de 2027, el intercambio de atención entre instituciones.

Ninguno de esos pendientes se resuelve con una sola decisión. Se avanza cuando los médicos se forman y se hacen oír con datos y propuestas, como lo hizo Matilde Montoya con su expediente en la mano.

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