Cajas idénticas, contenido incierto: la alerta que llega a tu consulta

Una señora compra en un puesto informal una caja de un analgésico de marca conocida para el dolor de espalda de su esposo. La caja se ve idéntica a la de la farmacia: mismo color, mismo logotipo, mismo nombre. Lo que no puede ver a simple vista es que ese producto podría ser falsificado, sin garantía de qué contiene realmente, en qué dosis o bajo qué condiciones se fabricó. Es exactamente el escenario que motivó la más reciente alerta sanitaria en México.

El 22 de julio de 2026, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) emitió alertas por la falsificación de cinco productos de venta libre del laboratorio Bayer —Tabcin Noche, Tabcin Active, Flanax, Desenfriol D y Alka-Seltzer— y por el robo del medicamento Medikinet, metilfenidato usado en el trastorno por déficit de atención. Más allá de la nota, la alerta es una clase abierta de farmacovigilancia y seguridad del paciente.

Según la información difundida, se identificaron presentaciones falsificadas de estos productos con irregularidades reveladoras: por ejemplo, cajas de Tabcin Noche de 12 cápsulas en las que el número de lote no era visible, y presentaciones apócrifas de Flanax con lotes específicos señalados por el propio fabricante. En paralelo, el robo de Medikinet en las instalaciones de un distribuidor abrió la posibilidad de que unidades sin control ni trazabilidad terminaran a la venta fuera de canales autorizados.

Que se trate de productos de venta libre y de uso cotidiano —analgésicos, antigripales, un antiácido efervescente— es precisamente lo que agrava el riesgo. Son fármacos que la gente compra sin receta, con confianza y a menudo en canales informales. Esa familiaridad baja la guardia del comprador y amplía el mercado para el falsificador. El paciente rara vez sospecha de una caja que ha visto toda la vida.

Para el clínico, este tipo de alerta no es un asunto ajeno de aduanas y regulación: toca directamente la consulta. Cuando un paciente no responde al tratamiento esperado o presenta un efecto adverso inusual, el origen del medicamento debería formar parte del interrogatorio. Preguntar dónde lo compró —farmacia establecida, puesto informal, internet— puede explicar un fracaso terapéutico que de otro modo se atribuiría a la enfermedad o a la dosis. La procedencia del fármaco es un dato clínico, no un detalle administrativo.

El médico también es un educador de primera línea. Recomendar comprar únicamente en farmacias establecidas, conservar el comprobante, desconfiar de precios notablemente bajos y revisar que la caja tenga lote y fecha de caducidad legibles son consejos sencillos que protegen a los pacientes. En el caso del metilfenidato, un medicamento controlado, el mensaje es aún más estricto: jamás adquirirlo fuera de canales autorizados ni sin la receta correspondiente.

Este episodio se inscribe además en un problema global que la OMS lleva años señalando: los medicamentos falsificados y de calidad subestándar circulan en todo el mundo y afectan con especial dureza a los canales informales y a las compras por internet. No son un fenómeno marginal ni exclusivo de un país. Entender que detrás de una caja falsificada hay una industria ilícita organizada ayuda al médico a dimensionar el riesgo y a transmitir a sus pacientes que la desconfianza ante una oferta demasiado buena no es exageración, sino prudencia sanitaria.

Las alertas sanitarias suelen leerse con alarma pasajera y olvidarse a la semana. Pero su verdadero valor es formativo: recuerdan que la seguridad de un tratamiento no termina cuando se elige el fármaco correcto, sino que depende también de que ese fármaco sea auténtico y esté bien conservado. La cadena que lleva un medicamento del laboratorio al paciente es larga, y cada eslabón roto —un robo, una falsificación, una venta informal— pone en riesgo todo lo demás.

Volvamos a la señora del puesto informal. Si su médico, en la siguiente consulta, dedica treinta segundos a explicarle por qué conviene comprar en farmacias establecidas y cómo reconocer una caja sospechosa, habrá hecho algo tan valioso como prescribir bien: habrá protegido el tratamiento de quienes dependen de él. En seguridad del paciente, la vigilancia no termina en la receta; apenas empieza ahí.

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