¿Qué comió ayer? La pregunta que casi nunca hacemos

Lucía tiene 46 años, llega a consulta por cansancio y por una cifra de glucosa en ayunas de 118 mg/dL. Usted le revisa el expediente, ajusta la receta, programa estudios de control y, en doce minutos, la consulta termina. Lo que nadie preguntó es qué desayunó esa mañana, quién cocina en su casa, cuántas veces por semana come fuera, o si hubo semanas en que el dinero no alcanzó para completar el gasto. Todo eso influye en su glucosa más que cualquier dosis de fármaco que usted pueda ajustar.

Cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, fecha establecida por la FAO para recordar que el acceso a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos es una condición de salud, no un lujo. Para la medicina clínica, la fecha es una invitación incómoda: preguntarnos cuánto espacio real ocupa la alimentación en nuestra práctica diaria.

Un país con dos caras en el mismo plato

México vive la llamada doble carga de la malnutrición: coexisten, a veces en el mismo hogar, la desnutrición crónica y el exceso de peso. Según la ENSANUT Continua 2020-2023, alrededor de 37% de los adultos mexicanos tiene obesidad y más de 75% de los mayores de 20 años vive con sobrepeso u obesidad. La obesidad es más frecuente en mujeres (cerca de 41%) que en hombres (cerca de 33%), y aproximadamente cuatro de cada diez adolescentes presentan exceso de peso.

Detrás de esas cifras no hay solamente “malas decisiones individuales”. Hay entornos donde el alimento más barato, más accesible y más publicitado es también el más denso en energía y más pobre en nutrimentos. Reconocerlo no exime de responsabilidad a nadie; simplemente nos obliga a ser realistas cuando damos indicaciones. “Coma más verduras” suena razonable en el consultorio y puede resultar inviable en la vida de nuestro paciente.

Lo que sí podemos hacer en doce minutos

La primera herramienta es una buena historia alimentaria. No requiere formatos complejos: un recordatorio del día anterior (“cuénteme qué comió ayer, desde que despertó”), una pregunta sobre quién prepara los alimentos, cuántas comidas se hacen al día, consumo de bebidas azucaradas y de alcohol, y los horarios, especialmente en pacientes con turnos nocturnos. En cinco minutos usted obtiene más información útil que con otra batería de estudios.

La segunda herramienta es el tamizaje de inseguridad alimentaria. El cuestionario de dos reactivos conocido como Hunger Vital Sign pregunta si, en los últimos doce meses, hubo preocupación por que los alimentos se acabaran antes de poder comprar más, o si los alimentos no alcanzaron y no hubo dinero para comprar más. Una respuesta afirmativa a cualquiera de las dos identifica riesgo y cambia por completo la conversación: ya no se trata de motivar, sino de ayudar a resolver, canalizar y adaptar el plan.

Traduzca la evidencia en acuerdos pequeños

Las intervenciones que funcionan suelen ser modestas y específicas: cambiar las bebidas azucaradas por agua, aumentar la proporción de leguminosas y verduras en comidas que el paciente ya prepara, reducir poco a poco las porciones y los productos ultraprocesados, respetar horarios de comida y evitar el ayuno prolongado seguido de atracones. Pactar una meta pequeña, alcanzable y medible en la siguiente cita vale más que entregar una dieta de 1,500 kcal que nadie va a seguir. Las referencias a nutriólogos y a programas de apoyo, cuando existen, son parte del tratamiento, no un lujo.

También conviene que revisemos nuestra propia mesa. Quienes trabajamos turnos, guardias o jornadas largas somos, estadísticamente, malos candidatos para dar consejos que no seguimos. Un médico que desayuna un refresco y una pieza de pan entre pacientes tiene poca autoridad moral para sermonear, y sí mucha empatía potencial para comprender lo difícil que resulta cambiar.

Más allá del peso

La alimentación no se agota en la obesidad. La desnutrición infantil, las deficiencias de hierro, ácido fólico y vitamina B12, la alimentación del adulto mayor con pérdida de masa muscular, los trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes y la nutrición en el embarazo siguen siendo asuntos clínicos de primer orden. Preguntar sobre alimentación es, en realidad, preguntar por la vida del paciente.

A Lucía le haremos, la próxima vez, una pregunta distinta: “¿Cómo es un día normal de comida para usted?”. Quizá descubramos que el problema no es la glucosa, sino un desayuno inexistente, una cena a las once de la noche y una semana en que no hubo tiempo ni dinero. Esa es la información que transforma un diagnóstico en un plan.

Este 16 de octubre, sume una pregunta nueva a su consulta. Es probable que el expediente de su paciente le agradezca más ese minuto que el siguiente ajuste de dosis.

Fuentes consultadas: ENSANUT Continua 2020-2023 (INSP) y análisis Banxico/ENIGH (INEGI), según reporte de Xataka México; FAO, Día Mundial de la Alimentación. Verifique el lema oficial 2026 en fao.org/world-food-day antes de publicar.

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