La Secretaría de Salud respaldó derogar el delito de “peligro de contagio”. Detrás del debate legal hay una pregunta clínica que nos toca a todos: ¿la ley acerca o aleja a las personas de la prueba?
Equipo editorial Edumind · Salud pública e infectología
El joven de 26 años tenía todos los motivos para hacerse la prueba de VIH: una pareja reciente con diagnóstico positivo, un par de síntomas inespecíficos, la duda rondándole hacía semanas. No se la hizo. Cuando por fin acudió, meses después y ya con datos de inmunosupresión, explicó su demora con una frase que debería incomodarnos a todos: “tenía miedo de que, si salía positivo, eso pudiera usarse en mi contra”. No hablaba del virus. Hablaba de la ley.
En julio de 2026 volvió al centro de la conversación un tema que conecta el derecho penal con la epidemiología. La Secretaría de Salud, a través del Censida, respaldó la derogación del delito de “peligro de contagio” —una figura que penaliza a quien pudiera transmitir una enfermedad—, sumándose a un movimiento que ya avanzó en la Ciudad de México y otras entidades. Su argumento no es jurídico, es de salud pública: penalizar una condición de salud no reduce las infecciones; las esconde.
La postura de la Secretaría de Salud: la experiencia nacional e internacional muestra que criminalizar una condición de salud no previene nuevas infecciones. El temor a consecuencias legales, sumado al estigma, desalienta la prueba voluntaria, el acceso a la prevención y la vinculación oportuna a tratamiento, dañando a las personas y a la salud pública.
Por qué un delito puede empeorar una epidemia
La lógica es contraintuitiva solo a primera vista. Si existir con un diagnóstico puede volverse un riesgo legal, la respuesta racional de muchas personas es no buscar el diagnóstico. Y una infección no diagnosticada es exactamente lo que más transmite: quien no sabe que vive con VIH no toma tratamiento, no alcanza la supresión viral y puede transmitir sin saberlo. El tamizaje, la piedra angular del control del VIH, depende de que la gente se sienta segura al acercarse. El miedo legal erosiona esa seguridad.
Aquí entra un concepto que todo médico en formación debería dominar: indetectable es igual a intransmisible (I = I). Una persona con VIH que recibe tratamiento antirretroviral y mantiene una carga viral indetectable de forma sostenida no transmite el virus por vía sexual. Es uno de los avances más sólidos y transformadores de la infectología reciente. Y expone la contradicción de fondo: la herramienta que de verdad previene la transmisión no es el castigo, sino el diagnóstico temprano y el tratamiento —justo lo que el miedo a la ley obstaculiza.
Un marco pensado para otra época
El delito de “peligro de contagio” nació cuando muchas infecciones no tenían tratamiento eficaz y el diagnóstico equivalía a una sentencia. Ese contexto cambió radicalmente. Hoy el VIH es una condición crónica manejable, contamos con tratamiento que suprime el virus y con herramientas de prevención altamente eficaces como la profilaxis preexposición (PrEP) y la profilaxis postexposición (PEP). Los organismos internacionales de salud han señalado desde hace años que las leyes que criminalizan de forma amplia la exposición al VIH suelen ser contraproducentes para la respuesta a la epidemia.
Conviene ser preciso y apartidista al leer esta noticia: el debate legislativo tiene aristas jurídicas y sociales legítimas que corresponden a otros foros. Lo que aquí interesa es la evidencia sanitaria, y en ese terreno el consenso técnico es claro sobre un punto: las estrategias que funcionan contra el VIH son la prevención combinada, el diagnóstico oportuno, el tratamiento universal y el respeto a los derechos de las personas, no la vía penal.
Recordatorio clínico: I = I. Una persona con carga viral indetectable de forma sostenida no transmite el VIH por vía sexual. Comunicar este hecho con claridad combate el estigma y motiva la adherencia al tratamiento tanto como cualquier fármaco.
Qué significa esto en el consultorio
Más allá de cómo se resuelva la ley, la noticia deja una tarea concreta para el personal de salud: convertir cada encuentro clínico en un espacio libre de estigma. Ofrecer la prueba de VIH de forma normalizada y confidencial, sin interrogatorios moralizantes. Conocer y saber orientar sobre PrEP y PEP. Explicar el I = I a pacientes y a sus parejas. Y cuidar el lenguaje, porque las palabras con que hablamos de una infección pueden acercar a una persona al tratamiento o alejarla para siempre.
El joven de la historia hoy está en tratamiento y su carga viral es indetectable. Le fue bien, pero perdió meses valiosos por un miedo que no debería existir en un sistema de salud. Su caso resume la lección que atraviesa esta noticia: la salud pública no se construye asustando a las personas para que se escondan, sino generando la confianza para que se acerquen. Esa confianza, al final, se gana o se pierde en el consultorio, una consulta a la vez.
Nota: esta columna aborda un tema sensible con fines informativos y formativos. Cualquier persona con dudas sobre su estado serológico puede acudir a un centro de salud para una prueba gratuita y confidencial.
Edumind · campusvirtual.edumind.com.mx · Revista Atención Médica · Intersistemas
Contenido patrocinado por Edumind · SERClínico · SERMIP · SEREXARMED · EXARMED Advance · Manual MIP Competente



