México entra a la temporada de mayor riesgo con 24 estados en alerta. Lo que el médico en formación debe saber ahora.
La lluvia cayó en Tampico al mediodía, como lo hace cada junio: rápida, intensa, suficiente para llenar el bote de pintura olvidado en el patio, el neumático viejo detrás del taller, la cubeta volcada junto a la ventana. En esos depósitos de agua estancada, de menos de un litro cada uno, el Aedes aegypti pone sus huevos. En diez días, hay mosquito. En catorce, puede haber caso de dengue. Recuerdo que nos enviaban en camiones que salían desde la Facultad de Medicina a múltiples colonias de la zona conurbada a educar a la población general y regar el abate contra los mosquitos. La temporada acaba de comenzar.
Al cierre de la semana epidemiológica de junio de 2026, México suma 1,332 casos confirmados de dengue distribuidos en 24 entidades federativas, con tres muertes confirmadas y 63 defunciones en estudio. Sonora, Sinaloa, Veracruz, Tabasco y Baja California Sur concentran el 82% de los casos. Pero la cifra que importa más no es la actual: es la del trimestre que viene. El dengue tiene un comportamiento estacional bien documentado en México, con el pico de transmisión entre las semanas epidemiológicas 30 y 45 del año —es decir, de julio a noviembre—, el periodo en que las lluvias y las temperaturas altas crean las condiciones ideales para la proliferación vectorial.
El dengue es la arbovirosis de mayor impacto en salud pública en México y en el mundo. La OMS estima que ocurren entre 100 y 400 millones de infecciones anuales globalmente. En México, los años de alta transmisión han superado los 30,000 casos confirmados. El subregistro es significativo: se estima que por cada caso confirmado hay entre 10 y 20 no detectados.
Clínica: lo que no puede pasársete
El dengue tiene cuatro serotipos (DENV-1 a DENV-4) y la infección con uno no protege contra los otros; al contrario, una segunda infección con serotipo diferente aumenta el riesgo de dengue grave por mecanismos de amplificación dependiente de anticuerpos (ADE). Este dato es clínicamente relevante: el paciente que ‘ya tuvo dengue’ no está protegido y puede desarrollar un cuadro más severo en una segunda exposición.
La presentación clásica es fiebre de inicio abrupto (38.5–40°C), cefalea intensa de predominio frontal y retroorbitario, mialgias y artralgias severas —de ahí el apodo ‘fiebre rompehuesos’— y rash maculopapular que aparece entre el tercer y quinto día. La leucopenia, trombocitopenia y elevación moderada de transaminasas son hallazgos de laboratorio característicos.
La clasificación de la OMS 2009 —que es la que usa México en sus guías— divide el dengue en: dengue sin signos de alarma, dengue con signos de alarma, y dengue grave. Los signos de alarma son la bisagra clínica más importante: dolor abdominal intenso y continuo, vómito persistente, acumulación de líquidos (ascitis, derrame pleural), sangrado de mucosas, letargia o irritabilidad, hepatomegalia mayor de 2 cm y aumento del hematocrito con caída rápida de plaquetas. Un paciente con cualquiera de estos signos requiere hospitalización y vigilancia estrecha.
Criterios de dengue grave (hospitalización urgente):
• Choque por fuga plasmática severa (síndrome de choque por dengue)
• Sangrado grave (hematemesis, melena, sangrado intracraneal)
• Compromiso orgánico grave: hepatitis severa (AST/ALT >1000 U/L), encefalitis, miocarditis, IRA
La mortalidad del dengue grave no tratado puede superar el 20%. Con manejo oportuno, cae por debajo del 1%.
Manejo: lo esencial en la trinchera
No existe tratamiento antiviral aprobado para dengue. El manejo es de soporte y se guía por la fase clínica y el estado hemodinámico. En casos sin signos de alarma: reposo, hidratación oral, paracetamol para fiebre y dolor. El ibuprofeno y el ácido acetilsalicílico están contraindicados por riesgo de sangrado y síndrome de Reye, respectivamente. En casos con signos de alarma: hidratación IV con cristaloides, monitoreo estricto del hematocrito, plaquetas y estado hemodinámico cada seis horas. En dengue grave con choque: resucitación con bolos de cristaloide, manejo en UCI.
La transfusión de plaquetas profiláctica no está indicada en dengue. La trombocitopenia es parte del mecanismo fisiopatológico y no predice sangrado por sí sola. Las guías de la SSA recomiendan transfusión solo en hemorragia activa con plaquetas <20,000/mm³ o de manera preventiva en pacientes con plaquetas <10,000/mm³ más factores de riesgo. Transfundir por encima de esos umbrales sin indicación clínica es un error que se sigue cometiendo.
Lo que puedes hacer desde donde estás
Como médico en formación, especialmente en rotaciones de urgencias o medicina interna, el dengue será uno de los diagnósticos más frecuentes en regiones endémicas. La clave está en no dejarse llevar por el conteo de plaquetas y en clasificar correctamente a cada paciente. Un dengue sin signos de alarma con plaquetas de 45,000 se maneja en casa con seguimiento. Un dengue con signos de alarma y plaquetas de 80,000 se hospitaliza esa misma tarde.
La temporada de lluvias en México acaba de comenzar. El Aedes aegypti ya está depositando huevos en el bote de pintura del patio. El dengue no llega de improviso: llega puntual, cada año, con las lluvias. La pregunta es si el sistema médico —y cada médico que lo compone— está listo para recibirlo.



