México encabeza los contagios del continente. Con más de 18 mil casos y 41 muertes desde 2025, el país está a un paso de perder una certificación que costó años obtener.
Equipo editorial Edumind · Infectología y Salud Pública
El paciente tenía nueve meses y llegó a urgencias con fiebre alta, los ojos enrojecidos y una tos que no cedía. La madre pensó que era una gripe fuerte. Al tercer día apareció el exantema que descendía desde la línea del cabello hacia el tronco, y en la mucosa oral, esos puntos blancos que todo médico aprende en clase y casi ninguno de las últimas generaciones había visto en persona: las manchas de Koplik. El diagnóstico, impensable en México hace pocos años, hoy se repite miles de veces: sarampión. Una enfermedad que dábamos por derrotada ha vuelto, y ha vuelto con fuerza.
Las cifras que obligan a mirar
Según el reporte de la Secretaría de Salud con corte al 9 de junio de 2026, el brote iniciado en febrero de 2025 acumula 18 mil 183 casos, de los cuales 11 mil 569 ocurrieron solo en lo que va de este año. La cifra de muertes asociadas asciende a 41. Los casos de 2026 ya superan en 137 % a los del periodo previo. Jalisco encabeza con más de 6 mil 400 contagios, seguido por la Ciudad de México y Chiapas. La OPS ha sido explícita: México es hoy el país más afectado por sarampión en todo el continente americano.
El golpe más duro recae en la infancia: los menores de 1 a 4 años concentran la mayor parte de los casos. La inmensa mayoría son niños sin vacunar o con esquema incompleto.
Por qué el sarampión es tan implacable
Conviene recordar por qué este virus es tan temido por la epidemiología. El sarampión es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas que existen: su número reproductivo básico se estima entre 12 y 18, lo que significa que una sola persona infectada puede contagiar a más de una decena de susceptibles. El virus permanece suspendido en el aire hasta dos horas después de que el enfermo abandonó la habitación. Por eso, para cortar la transmisión comunitaria se requiere una cobertura de vacunación cercana al 95 % con dos dosis. Cuando la cobertura baja —por desabasto, por desinformación o por simple desconexión del sistema de salud— el virus encuentra los huecos con una eficiencia despiadada.
Y no es una enfermedad benigna. Una de cada mil personas con sarampión desarrolla encefalitis aguda; la neumonía es la complicación mortal más frecuente en niños pequeños; y existe una entidad tardía y devastadora, la panencefalitis esclerosante subaguda, que aparece años después de la infección. A esto se suma la “amnesia inmunológica”: el sarampión borra parte de la memoria inmune previa, dejando al paciente más vulnerable a otras infecciones durante meses.
Lo que está en juego
México obtuvo hace una década la certificación de país libre de sarampión endémico, un logro regional de salud pública. La OPS ha otorgado prórrogas para conservar ese estatus, pero la transmisión activa y sostenida amenaza con revertirlo. Perder la certificación no es un asunto simbólico: refleja que la cadena de transmisión volvió a establecerse dentro del país, con todas las consecuencias clínicas y de costos que ello implica.
El papel del personal de salud
Para quien está en formación o en la práctica, este brote deja tareas concretas. La primera es clínica: volver a reconocer el sarampión. Toda fiebre con exantema, conjuntivitis, tos y coriza —el clásico cuadro de las tres C en inglés— debe encender la sospecha, aislarse y notificarse de inmediato a vigilancia epidemiológica. La segunda es preventiva: revisar y completar esquemas de vacunación en cada contacto con el sistema, aprovechar la consulta para verificar la cartilla y aplicar la dosis pendiente. La tercera, quizá la más difícil, es comunicacional: enfrentar con datos y empatía la desinformación que alimenta el rechazo a la vacuna, sin sermones y sin descalificar a quien duda.
Mensaje para llevar a la consulta: la vacuna triple viral es segura, eficaz y gratuita. Dos dosis protegen de por vida. Cada cartilla revisada es un caso que no veremos en urgencias.
El niño de nueve meses del inicio se recuperó. Muchos no han tenido esa suerte. El sarampión nos recordó, de la peor manera, que los logros de salud pública no son permanentes: se conservan dosis a dosis, consulta a consulta. La buena noticia es que sabemos exactamente cómo detenerlo. Solo falta hacerlo.
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